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Hola! Vuelvo al síntoma: la semana pasada sentí que hacía un esfuerzo muy grande en un día de trabajo con un caso en particular que me representó mucho esfuerzo. Registraba el cansancio y a la tarde del día que logré «cerrarlo» me vino un dolor inmovilizante en la muñeca y la mano derechas, siendo diestra y siendo que mi trabajo se expresa en la escritura entendí que mi cuerpo quería resolver eso que yo me contaba que era un exceso de trabajo impidiéndome seguir haciéndolo en lo más concreto. En un par de días (justo jueves y viernes!) se pasó como vino.
Y en cuanto a personas no disponibles mis dos papás tuvieron depresión larga, como cuadro crónico, con períodos más activos mi mamá que mi papá pero un poco la imagen de la foto de la mamá y el niño. Todos los cuidados que podían pero emocionalmente muy tomados por distintas cosas. Siento que en mi caso, si bien me relacioné luego con personas no disponibles, no terminó siendo el hilo de mi historia pero si sentí que mucho tiempo quedé muy implicada tanto en la mirada de mi mamá respecto de mi papá, cuyo relato era que tenía que hacer todo sola porque él se encerró joven en casa, y a su vez en la de mi abuela materna respecto de mi abuelo materno, a quienes no vi como pareja porque el falleció muy joven pero del que ella se separó antes. Y donde siento que yo me quedé entonces implicada fue en que mi marido si caminaba conmigo a la par pero como no lo hacía necesariamente del modo en que yo me imaginaba que tenía que ser me enojaba internamente o me entristecía contándome el cuento de que yo también estaba «sola para resolverlo todo». No era real, el que él hiciera otras cosas o a su modo o hasta sus propias implicaciones no implicaba que no estuviera caminando conmigo. Fue todo un trabajo interno largo poder ir tratando de verlo, incluso compartí muchas veces con él que veía lo que hacía y sabía objetivamente que estaba pero no podía evitar ese registro emocional de sentirme sola. Finalmente, el año pasado, después de muchos años y también después de hacer muchas veces el ejercicio de pedirle a mi mamá y a mi abuela permiso para hacerlo de otra manera (en el alma, ninguna de las dos está ya acá) y de «mirar» lo que él hacía y lo que en verdad me ofrecía, con el episodio de mi cirugía pude aflojar internamente y pedirle y permitir que su cuidado, que siempre estuvo, fuera total para mí, aflojarme yo, y pude registrar que nos sosteníamos mutuamente y que en ese momento él me sostenía. Ahí si pude «sentirme» acompañada. No deja de impactarme cuánto puede costar, años, un registro de ese modo aunque uno «sepa» que la realidad es otra. Aún reaparecen cada tanto las dos pero intento sonreír y volver a mirar que mi realidad es otra.
